Hacia la séptima generación de izquierda

La tolerancia puede ser una falta de respeto

La tolerancia que Izquierda Hispánica desarrolla al relacionarse con otros grupúsculos es descrita por Gustavo Bueno como de primer género. El materialismo filosófico otorga a IH una capacidad de definición que desplaza otros discursos a la confrontación directa

Lunes 28 de septiembre de 2009.

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Izquierda Hispánica, en el desarrollo de su actividad, tomará partido en un enfrentamiento directo con otras ideas políticas. Dicho enfrentamiento motivará argumentos y debates sobre los diferentes Sistemas de ideologías políticas que se enfrentan a la nuestra. Inevitablemente, en esta ardua tarea surgirá el debate sobre la tolerancia de IH con respecto a otras ideas y el límite de la libertad de expresión auto-tutelado.

Los textos de IH tienen y mantendrán una actitud invasiva frente a otras ideologías. La sociedad política liberal de las democracias avanzadas supone dicho enfrentamiento en la esfera de la libertad de pensamiento. El materialismo filosófico otorga a IH una capacidad de definición que desplaza otros discursos a la confrontación directa. Sólo aquel que esté definido puede ser intolerante porque la tolerancia es una cuestión de indefinición política. Sin embargo, en casos de confrontación, el conjunto de intolerancias puede derivar en una tolerancia común. Esta actitud combativa y de triturar ideas desborda el tópico vigente de la tolerancia. Aún así, nuestra actitud es ciertamente más tolerante ya que permite continuar los discursos ajenos siempre que éstos se amolden a la confrontación de argumentos.

Sin pretender entrar aquí en un extenso debate sobre qué es la tolerancia, daremos un brevísimo repaso sobre esta idea. La tolerancia de la que hablamos se enmarca en el campo antropológico en relaciones circulares. En otras palabras: se da entre hombres. Podríamos hablar de la tolerancia a la lactosa pero ésta no nos corresponde. El término de tolerancia es una virtud moderna descrita por Locke, Leibniz y Voltaire. Para la tradición escolástica tiene una relación con la virtud cardinal de la justicia y era considerada una virtud especial ya que dependía de una relación de alteridad. Es decir, para que exista es necesaria la presencia de otros sujetos que se relacionen entre sí. Por el mismo motivo es estúpido tener justicia con uno mismo. La alteridad o relación aliorrelativa es una característica básica para la definición de la tolerancia. Esta relación de alteridad en la tolerancia es asimétrica. No es transitiva porque se presupone el poder de un sujeto sobre otro y se explica en términos de relación, de interacción y de causalidad. La tolerancia es un proceso entre dos sujetos: A y B. A tiene una influencia causal sobre B y B reacciona a la influencia de A. Cuando A actúa sobre B, A presupone que su acción es una invasión en la esfera de libertad de B. Así, cuando la reacción de B es prevista por A, A tolera a B auto-limitándose para evitar consecuencias negativas. Trasladando esta definición a las sociedades políticas; la tolerancia es la autotutela que practica cada sujeto sobre los comentarios públicos para que éstos no afecten a la esfera de libertad del resto de los sujetos con el fin de evitar un mal mayor.

En este sentido, la circularidad de tolerancia entre sujetos operativos hace que no suceda nada: no existe una réplica de B porque A se autolimita. Más en detalle, A decide no considerar a B porque conoce la cadena de sucesos posibles y prefiere la pasividad en la relación para evitar la reacción de B. El tolerante se silencia para silenciar a B. Al evitar el diálogo se evita la confrontación, vaya a ser que sea violenta. Esto sólo lo puede mantener quien se considere superior en la relación asimétrica entre dos individuos, que disponga de toda la información posible para realizar sus actos y que actúe de una manera normalizada. Sólo aquel que forma parte de los pocos que dominan puede ser tolerante, siempre haciendo referencia a la correlación de tolerancia con intolerancia, frente a los dominados es necesaria la asimetría. Por lo tanto, tolerar en política es una virtud aristocrática y monárquica que nunca posee la democracia. En formas políticas mixtas encontramos casos claros donde sólo las partes aristocráticas o monárquicas de los Estados pueden tolerar al resto, es esta la diferencia entre un Estado confesional que tolera al resto de los cultos y un Estado Laico que no tiene función de tolerancia porque no existe una asimetría de privilegio o prerrogativa del poder de una parte del conjunto de confesiones sobre el resto.

En el proceso de tolerar, en el que se sustantiviza la tolerancia en correlación a la intolerancia, se trata de silenciar al adversario y faltar al respeto a la sociedad política. Una falta de respeto político entendido como el cumplimiento del conjunto de normas tácitas que no están en la Ley pero son básicas para mantener una relación entre sujetos políticos en la sociedad política. Por ejemplo, para que exista una relación de tolerancia democrática en España entre Partidos Políticos cada uno de éstos debe respetar la ley tácita de condenar al terrorismo pero ninguno condena el uso de la violencia en sus estatutos. El respeto y la definición son fundamentales en la relación de tolerancia porque son dos características de la legitimidad de los grupúsculos en la sociedad política. Sólo aquellos grupos que estén legitimados podrán actuar en confrontación política tolerando activamente al adversario. De este modo, los sujetos operatorios políticos toleran al adversario para que exista una relación política dialéctica que se dé entre organizaciones supra-individuales, ya sean civiles o políticas.

La tolerancia que Izquierda Hispánica desarrolla al relacionarse con otros grupúsculos es descrita por Gustavo Bueno como de primer género. Es decir, la tolerancia activa que se da entre instituciones supra-individuales más específicamente políticas. La tolerancia activa se define en una función lógica: cuando A no actúa sobre B por tolerancia pasiva, B siempre reaccionará en busca del debate. Se debe combatir a aquellos que silencian los discursos para ganar respeto y legitimidad. Se deben permitir las caricaturas de Mahoma y debatir la necesidad de éstas. Se debe responder activamente a las respuestas de los islámicos, se debe poder realizar un debate sobre la indefinición del proceso Autonómico y de la situación inconclusa del modelo de Estado Español. En definitiva, la tolerancia que Izquierda Hispánica tiene hacia el resto de sujetos presentes en la sociedad política debe ser siempre la de la respuesta y la pregunta. Nosotros debemos responder activamente cuando estemos en la posición de tolerados. Nunca usemos la tolerancia activa para sortear la imposición, sino de tal manera que dilapidemos dialécticamente a un sujeto que imponga su mensaje.

Esta actitud es básica para evitar dos situaciones frecuentes en las sociedades políticas de la Hispanidad y liberales en conjunto. Primero, hay que evitar que discursos irracionales circulen por la sociedad política por causas de tolerancia pasiva o de gnosticismo. Y segundo, hay que evitar el efecto de repliegue o la tolerancia patética debida a que nos pensemos impotentes frente a la mayoría. Auto-tutelando nuestra responsabilidad, todo irá mejor si nos ganamos el respeto tolerando activamente cualquier tipo de idea y sacando los colores a aquellos que bajo el escudo de la tolerancia esconden discursos irracionales.

Salud, Revolución, Hispanidad y Socialismo.