Hacia la séptima generación de izquierda

Haití: de la ética a la política

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Tras el terrible terremoto sufrido el pasado 12 de Enero de 2010, Haití ha sido foco de la atención del mundo “globalizado”. Durante un mes la cobertura informativa y las muestras de generosidad han sido constantes, llegando incluso los gobiernos a disputarse la primacía en la gestión de las ayudas (enfrentamiento entre Francia y EEUU). Creo que estos acontecimientos han revelado, aparte del horror y desastre humanitario evidente, muchas de las fallas del sistema internacional vigente y de las confusas ideologías políticas que lo dominan. Resumiré mis impresiones en los siguientes puntos:

1)    Se ha verificado el carácter mítico, por inoperativo y contradictorio, de la ONU. La ONU representa el campote la paz y del diálogo (aunque la mayor parte de sus países que la conforman sean dictaduras militares o teocracias), en 2004 intervinieron en Haití con un destacamento llamado pomposamente Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), cuya misión era allanar el camino para celebrar unas elecciones “libres” y “democráticas” (2006-nombrando Jefe de Estado a René Préval). Todo parecía marchar bien desde el fundamentalismo democrático, desde su relativismo formalista, ya instaurada la democracia, y superada la crisis de 2004, solo habría que esperar a que las fuerzas de este sistema incorrupto avanzase suprimiendo los “déficits” democráticos de la sociedad haitiana, mientras tanto la ONU, con sus destacamentos en la isla, contemplaba su desarrollo. Pero el reciente terremoto ha evidenciado que lo único que existía desde el 2004 es un país sumido en la pobreza, con toda falta de infraestructuras y de instituciones (conjuntivas) políticas capaces de hacer frente, aunque sea mínimamente, a un desastre de tal envergadura. Lo primeros días fue tal la desorganización y medidas contradictorias por parte de la ONU, reflejó tanto su desorganización interna, su ínfima capacidad ejecutiva,  que los EEUU ante este vacío, y porque, quizá, fuese la única manera, decidió intervenir el país militarmente para repartir y coordinar la ayuda. Lo que chocó a muchos países (Francia, España) pero a lo que no pudieron contestar porque nadie era capaz de ejecutar ni desplegar el sistema de ayuda de los EEUU por lo que las críticas fueron acalladas rápidamente, ¿iba Francia a financiar, o puede logísticamente desplegar, esa misión? Las cancillerías internacionales, mientras la ONU guardaba silencio, solo trataron de asegurar la vuelta al Statu Quo anterior, alegando que Haití era una democracia, que tenía sus representantes, y que cuando pasase lo peor volverían al ejercicio de sus funciones, pero ¿no reconoce esto implícitamente el carácter fallido de la democracia y de las instituciones haitianas, y de la intervención de la ONU?

2)    La ayuda desplegada por los gobiernos y por sus ciudadanos, que han sumado cantidades de dinero y material cuantiosas, tanto que se ha tratado de frenar la recogida de alimentos, mantas y medicamentos, estableciéndose la preferencia por la ayuda monetaria. Lo que cabría aquí constatar es la diferencia entre la ayuda ética y la ayuda moral. Es decir, la ética entendida como la salvaguarda del individuo humano, desplegada en las actuaciones de salvamento, rescate de heridos, avituallamiento de la población, y ejercida por los bomberos, pilotos, médicos, enfermeros, periodistas, ONG`s. Y la moral como la salvaguarda del grupo humano, de los individuos tomados en conjunto (grupos), y que se establecería en desarrollo de instituciones sociales tales como la policía, los colegios, la religiosidad,  el sistema impositivo, etc. Muchas de estas instituciones están entrelazadas entre ética y moral, y de morales (de grupos) enfrentadas entre sí, y de las que no cabe coordinación posible. Por lo que el político ha de tratar de conjugar y de mantener el sistema contradictorio como mejor pueda, y cuanto mejor conozca estos procesos y más consciente sea mejores respuestas podrá encontrar, si lo que pretende es mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos.              
                               
3)    Me llama la atención que a los gobiernos occidentales y sus ciudadanía llamen a la ayuda ética, al desembolso de ayuda monetaria, del acogimiento familiar, de la salvaguarda médica (siempre los telediarios nos mostrarán a niños salvados por intervenciones quirúrgicas) pero que se oculte la ayuda moral, esto es, la ayuda política porque cuando varios Estados tienen intervenido Haití, a través de la ONU y, vemos que no ha surtido ningún efecto su “ayuda”, es cuando nos tenemos que plantear la verdadera ayuda que necesita Haití. Platearnos si moralmente podemos permitir (a través de nuestros gobiernos) que los haitianos  tengan instituciones culturales como el Vudú, los niños-esclavos paradójicamente en el país que primero abolió la esclavitud (300.000 “restavek” antes del terremoto, ahora podría ampliarse hasta casi alcanzar el millón), las asociaciones criminales que asolan la isla (y que tales imágenes nos dejó de la barbarie tribal desplegada en bandas armadas con palos y machetes). Y que pese a la ayuda internacional, no haya mayores infraestructuras de comunicación, educativas, sanitarias, industriales, agroalimentarias, evidencia que la ayuda ética oculta la ayuda moral, y que a largo plazo, es mucho más necesaria la moral que la ética, pero que es mucho más comprometida la ayuda moral que la ética, porque implica analizar procesos históricos y políticos de mucho mayor calado, por ejemplo poner en duda el relativismo cultural, el indigenismo, la ONU, la conexión dialéctica de los Estados, el etnocentrismo, el fundamentalismo democrático etc. Por eso creo que  la evidencia de la ética salte como una explosión, y que todo el mundo acuda en ayuda del necesitado, pero que las carencias morales hagan que, cuando va pasando el tiempo, se diluya el “interés”, como las hondas en un estanque, y que Haití no reciba la ayuda que más necesita, ni se siga mostrando interés de seguir “salvando” a la población haitiana. ¿Cuántos periodistas quedan en Haití?

4)    También ha quedado distorsionada la imagen Iberoamericana, aún demasiado débil para coordinar una ayuda conjunta y contundente, aunque no han faltado muestras de apoyo de Brasil, Argentina, Cuba, la República Dominicana, España. Necesitamos una presencia mayor para poder demostrar que podemos hacer algo en el mundo, constatar que nuestro desarrollo  y nuestra historia no se asemeja a ninguna otra, y que la excolonia francesa no ha desarrollado las mismas instituciones que las repúblicas hispanas, pero que no por ello hemos de dejar a nuestros hermanos haitianos a la deriva, ni quiere decir que no necesitemos impulsos nuevos para ayudarnos entre nosotros y poder ser ejemplo y llevar ayuda a otros. Por ello la verdadera generosidad será el trabajar en que los pueblos puedan desarrollarse con instituciones efectivas, y si valoramos las nuestras deberemos fortalecerlas lo mejor posible, porque la ayuda moral (política) a medio y largo plazo es en dónde se demostrará la claridad o la falsa conciencia de quien dice querer ayudar. De ahí la valía de estas palabras, tan prudenciales, de Lula a Silva en un artículo publicado en el diario El País (24/02/10): “Pasada la actual emergencia, Haití continuará enfrentándose al desafío de generar una capacidad productiva que sustente el desarrollo del país. Para que Haití encuentre nuevas vocaciones económicas, debemos evitar la proliferación de proyectos estancos e inconexos que dividan el país. Necesitamos respuestas de largo plazo que le permitan aplicar de modo soberano programas de efectivo interés nacional. Por eso, Brasil efectuó un estudio de la viabilidad de una hidroeléctrica que suministrará agua y energía para la reconstrucción de Haití y está dispuesto a participar de la financiación de la obra. Con el mismo propósito, una reunión de emergencia de la Unión Suramericana de Naciones, celebrada en Quito con la participación del presidente René Préval, se decantó por la intensificación de la solidaridad con Haití.”

Salud, Revolución, Hispanidad y Socialismo.